jueves, 14 de marzo de 2013

Los intrascendentes videojuegos


Videojuegos, he pasado jugando tres horas diarias y hasta seis en algún domingo. He salvado al mundo muchas veces, ganado misiones y trofeos. Ahora que el tiempo ha pasado y puedo ver el asunto desde una perspectiva superior, una verdad se ve desde ese ángulo, que todo, absolutamente todo fue una pérdida de tiempo.

Porque los videojuegos fueron hechos para entretener, algunos con buenas intenciones académicas pero no muy trascendentes en el desarrollo del individuo. Ahora más que entretener, los videojuegos distraen, el tiempo dedicado a ellos fue tiempo perdido que bien pudo haber servido para que el niño conviviera más con sus padres o que leyera unos libros; para que el joven practicara un deporte, o al menos, hiciera ejercicio en casa que le ayudara a mejorar su condición física, que apoyara a sus padres en las labores domésticas, a limpiar el patio o la banqueta de la entrada, a dar mantenimiento al auto. Sus padres lo veían jugar, lo veían tan entretenido que mejor no lo molestaban y el hijo en el mundo virtual, apartado de la realidad, lo que lleva a consecuencias que muchos ya conocen y otras tan simples y menos analizadas como engendrar a jóvenes de poca inteligencia emocional, que no saben pedir las cosas, ni verbal ni por escrito, carentes o al menos deficientes del sentido común.

Tantas veces salvé al planeta de su destrucción, de su decadencia y no me siento orgulloso de ello, tantas veces logré mi misión con un vehículo con un potente motor o con un soldado muy bien armado, tantos trofeos en copas mundiales, fui aplaudido en los estadios, fui alabado por salvar y liberar a las multitudes, entre más pasa el tiempo de haber terminado ese gran videojuego más es la decepción, pues fue cierto que el videojuego me distrajo, me distrajo de haber hecho otras cosas verdaderamente trascendentes para mi vida.

Ésta frase no es solo una frase, no es una teoría, es una ley:

Los videojuegos son para entretener un rato a los niños que no encuentran nada que hacer.

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